Cómo pequeños agricultores crearon uno de los paisajes más resilientes de Panamá
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4 Diciembre 2025
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Story
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Sustainable land management & restoration
Jimmy Mariscal creció en las colinas de la cuenca del Canal de Panamá, donde los cafetales formaban parte de la vida cotidiana. Sus abuelos cuidaban sus cafetos de la variedad caracolillo para uso doméstico, secando los granos al sol y preparando café solo para la familia. El café era una tradición, no un medio de vida. Era una práctica que se transmitía silenciosamente de generación en generación.
Hoy en día, Jimmy es uno de los miles de pequeños productores que se han beneficiado de una colaboración a largo plazo entre las comunidades de la cuenca y la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). Durante dos décadas, esta colaboración ha ayudado a los agricultores a pasar de las parcelas tradicionales a sistemas agroforestales que, además de ser resilientes a los cambios en el clima, protegen la biodiversidad, estabilizan el suelo y conservan los recursos hídricos.
La cuenca actual es el resultado de décadas de gestión comunitaria y del apoyo de la ACP: un paisaje más resiliente y gestionado de forma sostenible.
Esta asociación a largo plazo llevó a Yasmine Fouad, secretaria ejecutiva de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), al Centro de Visitantes de Miraflores del Canal de Panamá el 3 de diciembre, durante una visita de campo organizada por la ACP y el Ministerio de Medio Ambiente de Panamá. Allí se reunió con Jimmy y los miembros de Cuencafé, un colectivo de pequeños productores que cultivan y procesan café de alta calidad y adaptado a las nuevas condiciones climáticas.
La visita permitió observar de cerca cómo la gestión comunitaria apoya los medios de vida rurales al tiempo que protege el sistema de agua dulce que sustenta el Canal.
Los productores describieron cómo comenzó la transformación. La ACP comprendió desde el principio que la protección del agua del Canal dependía de la salud de las tierras circundantes y de las personas que las cuidaban. Sin autoridad para hacer cumplir la conservación, la institución creó un modelo centrado en el apoyo y los incentivos. Inspirándose en la experiencia de Costa Rica de recompensar a los agricultores que protegen los bosques, la ACP adaptó la idea a la cuenca, ofreciendo a los productores apoyo práctico, desde plántulas y asesoramiento técnico hasta títulos de propiedad y consejos comunitarios que dan forma a las decisiones.
Esta asociación estable y basada en la confianza se fortaleció con el tiempo. Como explicó Raúl Martínez, gerente de Sostenibilidad Socioambiental de la fACP: “Cuando la restauración ayuda a las familias a mejorar sus medios de vida, se convierte en una responsabilidad que todos comparten y la tierra permanece protegida”.
Gracias a este modelo basado en incentivos, y especialmente a la introducción del café como un cultivo viable y de alto valor, los agricultores obtuvieron una razón para mantener los árboles en pie e invertir en sistemas agroforestales que conservan el suelo y el agua.
Estas decisiones hicieron que, en última instancia, la cuenca del Canal de Panamá sea hoy uno de los paisajes menos deforestados del país.
La finca de Jimmy refleja ese cambio. Con el apoyo de actividades de desarrollo comunitario y asistencia técnica, introdujo variedades mejoradas de café, plantó árboles de sombra, cuidó su suelo y perfeccionó las técnicas de secado y procesamiento. Lo que antes solo servía para satisfacer las necesidades de la familia se ha convertido en un sistema climáticamente inteligente que favorece tanto la generación de ingresos como la salud del ecosistema.
A medida que más familias se sumaron a la iniciativa, formaron Cuencafé, cuyo café ahora llega a los mercados de la ciudad de Panamá. Sus sistemas agroforestales ayudan a regular el agua y protegen la cuenca contra la intensificación de la sequía, una contribución importante en un país donde el 32 % de la tierra —2,37 millones de hectáreas— ya está degradada.
Durante la visita, la Secretaria Ejecutiva escuchó a los productores describir cómo los cambios en las precipitaciones y el aumento de las temperaturas han alterado su trabajo. Les preguntó en detalle sobre los retos a los que se enfrentan ahora: cómo ha cambiado la lluvia, cómo afecta la escasez de agua a la siembra y cómo están cambiando los suelos.
Los agricultores explicaron que los años de restauración de la tierra —ampliación de la cobertura forestal, diversificación de los cultivos y protección de los suelos— les han permitido retener el agua y mantener la producción, incluso cuando las sequías son cada vez más frecuentes.
“Lo que veo aquí es una restauración que funciona porque comienza con las personas”, dijo la secretaria ejecutiva de la CNULD, Yasmine Fouad. “Cuando se confía en las comunidades y se las apoya como guardianas de sus tierras, protegen los suelos que sostienen las laderas, las aguas que alimentan el canal y la dignidad de las familias que dependen de ambos. El impacto se extiende mucho más allá de las granjas individuales: fortalece toda la cuenca y las generaciones que la heredarán”.
Hoy en día, esa transformación es visible en toda la cuenca. Una práctica que antes alimentaba el consumo doméstico, ahora ayuda a conservar el agua, sostener las economías rurales y proteger uno de los paisajes más estratégicos del país. Lo que comenzó como pequeñas parcelas de café cultivado a la sombra se ha convertido en un modelo de resiliencia climática impulsado por la comunidad.
Mientras Panamá acoge la CRIC23, el Comité de Examen de la Aplicación de la Convención, un momento en el que los países se reúnen para reflexionar sobre cómo cuidan su tierra, la cuenca muestra cómo la restauración basada en una colaboración a largo plazo, la confianza y el liderazgo comunitario pueden restaurar mucho más que la tierra.
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Strong, sustainable, and resilient urban-rural linkages are central to efforts to combat land degradation, reduce out-migration, and achieve other sustainable development…